El mes de mayo nos trae una de las experiencias pastorales más bonitas e importantes para muchas familias: la primera comunión.

Durante dos años nuestros niños y niñas se preparan para vivir con intensidad y profundidad este paso hacia la madurez en la fe: participar plenamente en la eucaristía comulgando con el Cuerpo de Cristo. El envoltorio de los nervios, la agitación o los regalos, esconden un encuentro único, el de Jesús que se hace alimento para cada uno de los niños y niñas que comulgan por primera vez.

Todos nos alegramos por ellos y felicitamos a las familias. Les acompañamos en ese camino de fe que nos lleva a un compromiso siempre mayor, pues se trata de amar más y servir mejor a los demás. Pero sobre todo, de hacerlo con Jesús y como él. Y nada mejor para hacernos a la idea de lo que ellos viven ese día que escuchar sus propias palabras:

«El día de mi primera comunión me sentía un poco nervioso y a la vez emocionado.  Era un día muy especial que iba a compartir con mucha gente que me quiere:  amigos, familia, catequistas, profesores, etc.

Sabía que iba a recibir muchos regalos, pero el más importante fue recibir a Jesús dentro de mi corazón. En ese momento, sentí  un cosquilleo como si Jesús me estuviera haciendo una señal y me dijera: “Ya estoy aquí, siempre estaré contigo”.

Muchas gracias a todas las personas que nos han ayudado estos dos años y que han conseguido que haya sido un día tan especial y alegre.»

Nacho Díez Muñoz 4ºF