Desde 1982 el colegio Nuestra Señora del Recuerdo de Madrid celebra una macro fiesta con fines solidarios en el mes de abril. El tradicional fin de semana con barracas, puestos, bar, concursos, deportes, torneos, hinchables, música, discoteca al aire libre y subasta con un increíble ambiente de familia.

El 2020 fue la única vez que se tuvo que suspender. La pandemia y el confinamiento llegó cuando todo estaba preparado y listo. Este año, a pesar de que ya no estamos en casa encerrados, las circunstancias no permiten celebrarla con normalidad. Pero esto no ha impedido al grupo de universitarios que la organiza, ponerse manos a la obra para hacer frente a las adversidades y buscar alternativas. Se hará a lo largo de unos 10 días con actividades escalonadas, la mayoría de ellas en horario y recinto escolar.
¿Cuáles son las claves que van a poder hacerla posible?: la receta mezcla una suma de potentes ingredientes: creatividad desbordante, buena organización, trabajo en equipo y muchas, muchas ganas de ayudar a los demás.

Para hacernos idea de lo que supone sacar adelante este evento, aquí van algunos datos: más de 80 universitarios trabajando directamente, de los cuales tres son los “jefes de fiesta”, en quienes recaen las decisiones más importantes; varias comisiones y un universitario responsable por curso escolar (quince en total). Casi 8 meses de preparación con reuniones semanales, encuentros con los pastoralistas, directores y profesores del colegio, coordinación con cada uno de los proyectos y sus personas de enlace, etc… Otros años, la recaudación obtenida de los puestos y juegos se ha repartido entre las diferentes instituciones a las que se ayuda (este año serán de trece). Esta vez, se ha optado por adjudicar un proyecto a cada curso. Esto hace que los alumnos y familias lo conozcan mejor y se impliquen mucho con ellos, identificándose más con las diferentes causas y percibiendo su donativo más práctico y directo.

El amor ha de ponerse más en las obras que en las palabras. Y la solidaridad es una expresión del amor. Por eso es de agradecer profundamente el empeño y dedicación de tantos y tantos implicados. También a los amigos, familiares, alumnos, profesores, personal, donantes, patrocinadores, antiguos alumnos, APA del colegio y todo tipo de colaboradores por hacer vida, una vez más, el lema ignaciano.

La no presencialidad tiene algunas ventajas, entre ellas poder ayudar a cualquiera de estos proyectos de manera sencilla y sin tener que personarse en el colegio. Para poder hacerlo basta con hacer una aportación a la fila cero. Porque la invitación del lema de la XXXIX FSTA es, precisamente, hacer de las barreras una oportunidad: ¡CONTIGO, LA DISTANCIA NOS ACERCA!

¡¡Sigue la FSTA en Instagram!!